Ailén García

LA PROFESORA

Llegué al tan esperado último año del profesorado. “Tan esperado” porque ya es mi sexto año, que entre idas y vueltas, curso en el Normal 10. A veces creo que fueron varias vidas las que llevo acá adentro.

En estos años pasaron muchísimas cosas. Aprendí una infinidad de cosas; conocí compañeras espectaculares y otras que, sinceramente, a veces trato de evitar; me hice un grupo de amigas hermoso; realicé prácticas donde recibí muchas malas energías de parte de las docentes de la sala y otras donde esas “seños” lo fueron todo. Entre todas estás cosas, y más que no quiero extenderme en contar, también me crucé con docentes impecables. Esos docentes que supieron ser profesionales, responsables, atentos, respetuosos y sobre todo… siempre supieron trasmitir lo que saben con pasión.

Y en este último punto es en el que me quiero centrar. No fue una situación en sí la que quiero relatar, sino que fue un proceso que transité con “LA profesora”. Esa profesora que supo guiarme, que supo ayudarme a sacar lo mejor de mí. Siempre respetando mi forma de enseñar y de aprender, mis tiempos, mis habilidades y mis dificultades. Me ayudó a vencer miedos y hasta puso el hombro en esos momentos que pensas que colapsas y largas todo. Fue mi profesora en taller 3, 4 y 5. Me quedo con las ganas de que me acompañe en mi residencia.

¿Qué huella me dejó? Mi carrera fue un antes y un después de ella. Me enseñó a planificar, a analizar profundamente observaciones y actividades, a aprovechar cada segundo, espacio y recurso. Sin dudas, ella sería la docente que elegiría para que me entregue el diploma. Placer que no voy a poder tener ya que el año pasado dejó de trabajar en este Normal. ¡Pero que afortunada soy de habérmela cruzado en este camino!

Me saco el sombrero ante, mi tan querida, Miriam “Mili” Gómez. 

Ailén García

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